
El sexto documento de Malinas está consagrado al estudio de un fenómeno llamado:» El descanso en el Espíritu «, el cual suscita controversias y reacciones diversas. Dado que todos tenemos experiencia en este fenómeno, os recomendamos que lo leáis con mucho interés.
Mi intención inicial había sido consagrar este documento a promover positivamente el ministerio y el carisma de sanación; pero, dado este hecho nuevo, fue preciso destrozar previamente el terreno y tratar de discernir si estamos o no en presencia de una nueva intervención del Espíritu, de un nuevo modo de sanación, de una gracia inédita para nuestro tiempo.
La primera parte está consagrada a la descripción del fenómeno en sí mismo y en perspectiva histórica, bíblica, mística. La segunda parte es un examen crítico. La tercera tratará de discernir y precisar la actitud pastoral prudente que nos parece precisa.
Se ve claramente cuánto necesitan vivir integradas la Iglesia visible y la Iglesia invisible. Los obispos, guías espirituales del pueblo de Dios, están obligados a estar cerca del mismo, especialmente en estas materias delicadas, para evitar desviaciones y pérdidas de energía. También están obligados a invitar a sus mejores teólogos a que se ofrezcan a compartir con los cristianos de buena voluntad los tesoros de la sabiduría de nuestros místicos y de la gran tradición espiritual del Occidente y del Oriente cristiano.
Los dones del Espíritu Santo, igual que las virtudes morales, deben ser vividos no en abstracto, sino en la concreción movediza de las situaciones particulares. En esto hay una llamada a un resurgimiento que, partiendo de la fuente del Espíritu Santo, se adapte a la diversidad del suelo, a la diversidad de los terrenos.
Nuestra doctrina espiritual y moral se ha desarrollado con demasiada frecuencia dentro de cuadros rígidos, y necesitan también ella ser renovada por el Espíritu.
Ante fenómenos nuevos que miran a la vida espiritual, debemos ofrecer orientaciones a los fieles. Es la condición para el progreso verdadero y seguro.
Una política de no intervención a lo que los fieles tienen derecho a esperar de sus guías espirituales. Pero las advertencias no bastan: deben desembocar en llamadas a la auténtica fidelidad respecto de la variedad de dones y carismas del Espíritu.
Este documento trataba de despejar un camino en orden a ayudar posteriormente a la renovación de todo lo que pertenece a la pastoral de la curación, que es parte integrante de la Encarnación redentora. Cristo, Salvador del hombre, es también quien cura las heridas del hombre. Su Iglesia tiene la tarea de proseguir su servicio de sanación, de continuar la lucha contra las fuerzas del mal, y de reconocer, garantizar y favorecer el desarrollo del carisma de curación señalando vías seguras.
Por otra parte, creo que un problema como éste del Descanso en el Espíritu, invita también a continuar nuestras investigaciones referentes a una armonización cada vez mejor entre la naturaleza y la gracia. Esta simbiosis es esencial para que el desarrollo de la naturaleza no degenere en naturalismo, y para que la acogida de lo sobrenatural no nos desvíe hacia el sobrenaturalismo.
A lo largo de la historia de la Iglesia se ve aparecer este mismo problema de equilibrio cada vez que hay una exageración en detrimento de la complementariedad.
Gracia y naturaleza deben desarrollarse simultáneamente para responder al pensamiento de Dios sobre el hombre, a quien Dios quiere de pie y responsable, y a quien al mismo tiempo se ofrece Dios totalmente gratis, para enriquecernos con sus dones maravillosos que rebasan todas nuestras esperanzas.
Feliz lectura completa: https://gratuidad.com/12_Sobre_la_RCC/Malinas/documento-de-malinas-6.pdf













