
El fin de semana, del 27 de febrero al 1 de marzo, todas las realidades carismáticas de España estábamos invitadas a encontrarnos en Trillo para vivir juntos un tiempo de oración, escucha y comunión bajo el lema del Evangelio: «Por tu palabra, echaré las redes» (Lc 5,5).
¡¡¡Os invitamos a disfrutar un poco de lo que allí vivimos con este vídeo!!!: https://youtu.be/zoHMX50cs_4
Queremos comenzar agradeciendo de corazón a la Comunidad Sagrada Familia, que nos acogió en su casa con gran sencillez y generosidad. Su hospitalidad, su alegría, su servicio en la liturgia, la música, en la cocina…, y especialmente su carisma de alabanza e intercesión crearon desde el primer momento un clima que nos ayudó verdaderamente a disponernos interiormente para todo lo que el Señor quería regalarnos.

Después de lo vivido juntos en la Asamblea de noviembre, sentimos la llamada a detenernos y volver a la fuente. No se trataba de organizar más actividades ni de hacer más cosas, sino de dejarnos conducir “más adentro” por el Señor, para reconocer lo que Él ya está suscitando entre nosotros.
Durante estos días el Evangelio de la pesca milagrosa de Lucas 5,1-7 nos acompañó como un verdadero itinerario espiritual. En él descubrimos tres movimientos que también marcaron el ritmo del encuentro.

ESCUCHAR: LA ORILLA
El sábado por la mañana comenzamos situándonos a la orilla del lago, como la multitud que se acercaba a Jesús para escuchar su palabra. Hubo tiempos de oración personal, alabanza y Eucaristía que nos ayudaron a abrir el corazón y a reconocer lo que el Señor está diciendo hoy a cada uno y a nuestras realidades.
Fue un tiempo para recordar algo esencial: la misión nace de la escucha. Antes de cualquier iniciativa, necesitamos dejarnos alcanzar por la Palabra.



CONFIAR Y OBEDECER: LA BARCA
Por la tarde dimos un paso más: subir a la barca y remar mar adentro. A través de enseñanzas, momentos de oración y espacios de compartir entre personas de diferentes realidades carismáticas, fuimos preguntándonos qué nos pide hoy el Señor “por su palabra”.

Como Pedro en el Evangelio, también nosotros reconocemos nuestros cansancios y límites. Y, sin embargo, el Señor sigue invitándonos a confiar y a dar un paso más allá de lo conocido.

La jornada culminó con un intenso tiempo de adoración, reconciliación e intercesión, donde muchos pudieron experimentar la misericordia del Señor y la fuerza de la oración fraterna.

Uno de los momentos más ricos del encuentro fue la dinámica de conversación en el Espíritu, donde compartimos a partir de la pregunta:
“¿Dónde sentimos que el Señor nos invita hoy a salir de lo ya conocido y remar mar adentro?”
En varios grupos se percibió una llamada clara y convergente a la comunión, a la salida, a la apertura y al testimonio.
En otro grupo apareció también con claridad una llamada a la conversión y a la unidad. El Señor nos invita a salir de nuestras realidades particulares para caminar más juntos, revitalizando las distintas realidades carismáticas y avanzando hacia una mayor comunión dentro de la Iglesia.
Surgió con fuerza la convicción de que todos estamos llamados a ser discípulos misioneros, evitando caer en la autocomplacencia o en dinámicas cerradas sobre sí mismas. Para ello, necesitamos volver continuamente al origen, a lo esencial, y dejar espacio al Espíritu Santo, reconociendo con humildad que es Él quien guía a la Iglesia.
También apareció la invitación a vivir entre nosotros con una actitud de escucha que abra caminos de comunión más amplios.
De estos momentos de oración y escucha brotaron palabras muy repetidas:
comunión, salida, ofrecer, testimonio, alegría, humildad, misión.

TRABAJAR JUNTOS: LAS REDES
El domingo nos situamos ante el tercer movimiento del Evangelio: las redes que se llenan y necesitan de otras barcas. La pesca no es para guardarla, sino para compartirla.
Este momento nos ayudó a redescubrir que la misión del Espíritu siempre nos conduce a la comunión entre realidades, a sostener juntos las redes para que la obra de Dios no se pierda.
Los testimonios compartidos y la Eucaristía final, vivida en acción de gracias y envío, fueron un hermoso signo de que el Señor sigue llamándonos a caminar como un solo cuerpo y con una sola misión.

VOLVER A LA FUENTE
Este fin de semana no ha sido solo un encuentro. Ha sido una oportunidad para volver a la fuente, fortalecer los vínculos entre hermanos y dejarnos conducir por el Espíritu Santo.
Como signo concreto de esta apertura y comunión, realizamos un gesto sencillo pero significativo: orar unos por otros, especialmente cada realidad por otra elegida por el Espíritu Santo. Cada realidad estaba representada por un saquito de arroz, que simbolizaba nuestra oración. Cada saquito llevaba un nombre y quedaba atado a la realidad que lo recibe. El lazo nos recordó que no caminamos solos, que lo que vive uno lo vivimos todos, y que podemos sostenernos ante Dios unos a otros. El arroz es semilla; nuestra oración, aunque breve y silenciosa, es semilla que Dios puede hacer germinar.




Nos marchamos con una convicción profunda: el Espíritu llena la tierra y ya precede nuestra salida. No somos nosotros quienes llevamos a Dios. Él ya está actuando. A nosotros nos toca reconocerle en el hermano, abrir las puertas, salir al encuentro y ofrecer juntos, con sencillez y sin miedo, la esperanza y la alegría que hemos recibido.
Y como Pedro en el Evangelio, seguimos escuchando la invitación del Señor: «Rema mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca».
























































