14-18 de octubre de 2026

Medjugorje es un lugar difícil de nombrar y desconocido para muchas personas, casi todas no creyentes. Para otras es un lugar entrañable que recuerda a una Madre solícita y cercana que ruega por todos sus hijos. Por esto último se convocó precisamente en Medjugorje un encuentro europeo para grupos de oración carismáticos. Acudieron unas 600 personas de aproximadamente 20 países, 35 de ellas llegaron desde España, de diferentes realidades carismáticas.
El miércoles 14 fue el día de acomodarse. El jueves 15 fue un día de peregrinación. Se visitaron los centros más importantes relacionados con la presencia y la llamada de María a la conversión, se escuchó un compartir testimonial de la Hna. Emmanuel y se participó con todos los peregrinos en la Eucaristía y la adoración de la tarde. Y es verdad lo que cuentan: la presencia de Dios se hace especialmente palpable a la sombra de María y nunca se acaban las colas de personas que esperan para confesarse en prácticamente todos los idiomas posibles.
El resto de los días se centraron en desempolvar los fundamentos de los grupos de oración carismáticos. Estaban ahí, pero un poco ocultos.
Michelle Moran fue la primera en sacudirnos con una imagen poderosa: hay hogueras que no necesitan más leña (más de lo mismo) sino un soplo que las avive, el soplo del Espíritu Santo. «El demonio sonríe cuando hacemos planes y estamos muy ocupados, pero tiembla cuando oramos juntos», nos dijo.
«Necesitamos ardor en los corazones, porque estamos en tiempo de cosecha, frutos que deben almacenarse y repartirse». Igual que los primeros apóstoles, en cada reunión de nuestro grupo «esperamos la venida del Espíritu Santo». A diferencia de otros grupos, «los nuestros no tienen agenda prestablecida porque no son construcción humana, son apertura y vivencia de un nuevo Pentecostés».
«El Bautismo en el Espíritu es nuestro ADN. No bastan los cantos y bailes, hace falta la gracia del Espíritu», su dinamita. «Seamos fuertes en oración y alabanza», centrémonos en ello. «Mantengamos la Palabra en nuestros grupos», démosle tiempo para que cale hondo, no nos conformemos con compartir “pensamientos felices”.
En cuanto a la vida en comunidad, sabemos que donde hay gente, hay problemas, pero el Espíritu construye comunidad. No seamos voces de murmuración o crítica. Habrá roturas, es parte del camino. «Hagamos todo lo que podamos para mantener la unidad».
Por otra parte, «¿Se sabe que existe nuestro grupo? ¿Estamos preparados para recibir hermanos nuevos?». ¡Ellos lo necesitan y nosotros tenemos la respuesta! «Levantémonos, estemos preparados para cantar un canto nuevo». Esta fue la invitación final de Michelle.

Lordan Ljubenkov (Croacia), Coordinador del Equipo de Servicio de Charis Europa, habló sobre los ministerios de formación, alabanza e intercesión, indispensables en todo grupo de oración carismático. La enseñanza continúa la evangelización mediante la Palabra que inició Jesús. El que enseña siempre escucha la voz de Dios y conoce la Doctrina de la Iglesia.
Por su parte, la música es un don precioso del Señor que nos permite experimentar algo superior a lo que podemos expresar. La belleza de la música nos lleva al que es bello. Es un don que transforma vidas.
Finalmente, la intercesión se puede comparar con la defensa de un ejército que analiza la realidad y se la presenta al Señor con plena confianza en su poder.
La tercera enseñanza se centró en los carismas extraordinarios como manifestación del poder del Espíritu Santo. Fue impartida por Andrés Arango (colombiano en New Jersey), Coordinador del Equipo de Servicio de Charis América y responsable de la Comisión Internacional de Grupos de Oración.
Andrés no necesita hacer ejercicios de fe para creer que los milagros siguen existiendo. Él mismo vio la curación de su padre de una depresión profunda mediante la oración sencilla de un sacerdote. También experimentó el poder del Espíritu en el grupo que le acogió por primera vez, hace ya años.
Por eso animó a confirmar la cercanía del Reino de Dios dejando que esos carismas fluyan en nuestros grupos. Nada de miedo, abrámonos a la promesa de Jesús: «Si creéis haréis las mismas obras que yo, y aún mayores».
Como muestra de la comunión de la Renovación Carismática con la Iglesia, en este encuentro participaron dos obispos: Monseñor Aldo Cavalli, Arzobispo y Visitador Apostólico con carácter especial para la parroquia de Medjugorje, y Santo Marcianò, que nos habló de la oración carismática.
«Todo lo que respira, alabe al Señor». Esa alabanza es un intercambio de vida entre el hombre y Dios, desde su creación hasta el encuentro definitivo, porque contemplar debe ser la principal actividad del hombre. El salmo 150 habla en imperativo plural: «alabad al Señor», en comunidad, reconociendo que Dios se lo merece por ser quien es, no solo por lo que hace.
Entre charla y charla también hubo tiempo para informes de las actividades de Charis y anuncios. Todas las comisiones están activas y generan vida abundante. Merece la pena destacar que el próximo año 2027 se celebran los 60 años del nacimiento de la Renovación Carismática en la Iglesia Católica, acontecimiento que se celebrará con un gran encuentro en Asís y Roma en torno a Pentecostés.
Cathy Brenti, miembro del Servicio Internacional de Comunión de Charis, tocó el tema del discipulado, la comunidad y la hospitalidad. La primera comunidad de los apóstoles es el modelo a imitar.
Si no sabemos cómo cuidar la enseñanza, acudamos a la Lectio Divina, propuso. Con sus cinco pasos (leer, meditar, orar, contemplar y actuar) ha dado mucho fruto en grupos y familias. Además, hemos de estar atentos a las necesidades de los demás y valorar todo lo positivo que vemos en ellos.
Y cuidar la acogida, que requiere disponibilidad y amabilidad, es decir, estar presentes y con una presencia de calidad. Finalmente, nos recordó que somos misión, que estamos llamados a dar testimonio del tesoro que guardamos. En particular, animó a los jóvenes a no perder la esperanza, a acercarse a los mayores, pues el Señor nos necesita a todos.
Esta enseñanza dejó el terreno preparado para la que impartió Enrico Berardo, miembro de la Comisión Europea de Grupos de Oración. Su título fue «Testigos carismáticos del Evangelio».
Dejó muy claro que «No hay evangelización real sin el Espíritu Santo». Hemos de estar inflamados para salir de nosotros mismos. La evangelización debe convertirse en un ministerio en nuestros grupos porque, en realidad, para eso han sido creados.
Cada grupo, contando con cada hermano, es una misión, no hay disculpas. Recordemos lo que Dios hizo con nosotros, que hemos sido salvados. Así saldremos de nosotros mismos y nos convenceremos de que la “vida cómoda” no es vida.
La evangelización no es un extra; si renunciamos a ella, perdemos la vida. El entusiasmo de Enrico fue extendiéndose a todos los presentes y siendo luz para comprender que su urgencia era real: no es que tengamos una tarea, es que somos la evangelización.
No podemos terminar esta reseña sin dedicar unas líneas a los tiempos de adoración al Señor. El viernes se aprovechó este momento para interceder por las necesidades de los presentes y de los grupos de oración. Fue un momento ungido en el que el Señor sanó cuerpos, almas y relaciones.
El sábado se pidió un nuevo Pentecostés para nuestro continente, empezando por nosotros mismos. «Dichosos los ojos que ven lo que veis», dijo Jesús a sus apóstoles. Eso mismo sentimos nosotros: la fortuna de experimentar Pentecostés con la fuerza de la primera vez.

