Este verano, del 28 de julio al 3 de agosto, la Iglesia convocaba en Roma a los jóvenes de todo el mundo para vivir el jubileo ordinario «Peregrinos de la Esperanza», os queremos compartir algunos testimonios de jóvenes de realidades carismáticas de España que peregrinaron.
Somos 3 hermanos de la Comunidad Sagrada Familia y el Señor nos ha regalado la oportunidad de acompañar en el Jubileo de Roma a la parroquia San Juan de Ávila de Guadalajara, ya que desde hace más de 5 años estamos ayudando al grupo de jóvenes que tienen, yendo todos los viernes para servir en las alabanzas y en verano acompañarlos en los campamentos y convivencias.

Hemos podido visitar las tumbas de San Pablo, de san Pedro, o del Papa Francisco y Juan Pablo II donde hemos vivido una experiencia fuerte de su presencia entre nosotros. Parecía que estaban realmente ahí con nosotros acompañándonos. A varios de nosotros se nos caían las lágrimas ante el gran testimonio que nos han dejado.
Por otro lado, nos ha encantado ver como los chicos que venían con nosotros iban transformándose a lo largo de la semana. Cada vez el Señor estaba más presente en las conversaciones, en las alabanzas y en las demás actividades. Muchos de ellos nos sorprendían con pequeños testimonios de lo que iban viviendo. Un chico de 17 años nos contaba entusiasmado que había descubierto la oración personal con Jesús, y el gozo de vivir el día en su presencia. En la misa de españoles en la Basílica de San Pedro vivimos fuertemente la experiencia de ser una sola Iglesia, la familia de Dios en la tierra, y de ser los portadores de esa esperanza tan preciosa que Jesús nos ha regalado y que el mundo necesita. Era la sensación de estar viviendo algo muy grande y trascendente. A mí particularmente me tocó muy fuerte al llegar a casa, ir a la capilla para dar gracias a Dios por todo lo vivido y en ese momento me empezó a resonar la canción que dice: “aleluya cantará quien perdió la esperanza”. Era la certeza de que a través de este Jubileo Dios les había regalado la esperanza a tantos miles de jóvenes y no tan jóvenes de todo el mundo.
También nos llevamos guitarras y unos bongos, e hicimos alabanza por las calles de Roma, pensábamos que se sumarían 5 o 10, pero nos quedamos sorprendidos al ver que se llegaron a sumar más de 100 personas para alabar a Jesús, se formaron grandes corros de gente de todas partes, había un gran deseo de alabar al Señor entre los jóvenes, y esto nos sucedió en varias ocasiones.
Hermano Carlos Ibáñez, Comunidad Sagrada Familia (Trillo)




Varios de nuestros jóvenes han querido compartir su testimonio:
Para mí ha sido una alegría enorme, llevar la alabanza a los jóvenes de todo el mundo y ver en ellos la alegría de seguir a Cristo.
Patricia

Somos un matrimonio joven que tenemos los dos 23 años. Hemos peregrinado a Roma con nuestro hijo Manuel.
En este último año hemos sido padres, nos hemos casado, Marilia ha estrenado trabajo y yo he estado estudiando una oposición para psicólogo clínico. Os podéis imaginar, un año lleno de emociones y de felicidad, pero también de retos y momentos de cansancio y dificultad. Así, llegamos al jubileo, sedientos de vacaciones, pero sobre todo sedientos de reposar nuestros corazones en Jesús, de reconectar con ese grupo joven, de esa alabanza a la que tantas veces este año hemos puesto por detrás de mil excusas.
Y qué deciros, “Venid a mí los que estéis cansados y agobiados, que yo os aliviaré”, Dios siempre cumple sus promesas, Dios es fiel. Pues esta semana para nosotros no ha sido menos ¡Menudo regalo del cielo! Dios se ha hecho presente en nuestra pequeña comunidad y nos ha inundado con su gracia. Teníais que haber visto alabar a Manu con un año, era el primero en ir a por la guitarra, en levantar las manos, cómo no íbamos a seguirle, aunque estuviéramos cansados, en un autobús abarrotado o en plena plaza en el Trastevere.
Dios se ha manifestado también a través de todas esas personas que han estado en todo para ayudarnos, sobre todo con el pequeño. Jamás pensamos que iba a ser tan fácil. Es por eso que queremos dar gracias al Señor, por habernos cuidado, no solo esta semana, este año, en toda nuestra vida. Porque Jesús siempre nos ha acompañado y ponerle a Él en el centro es lo que nos llena de gozo.
Así, Dios nos ha recordado en palabras del Obispo de Nicaragua, Don Rolando, que el amor no es un sentimiento, es una decisión, y aunque a veces no podamos sentir tan profundamente la gracia de Dios como en esta semana, por el cansancio o por las pequeñas piedras del camino, debemos mantener siempre viva la esperanza de una vida llena de entrega, llena de amor.
Manu y Marilia
Hace dos meses no sabía ni lo que era el Jubileo, sin embargo; me ha ayudado muchísimo: sobre todo a encontrarme de nuevo con Jesús, ese amigo que te escucha, te ama, te comprende y sobre todo, no te juzga. ¡Qué maravilla! Se respiraba amor y cualquier excusa era buena para empezar una alabanza. La vigilia fue una verdadera locura, un millón de jóvenes de rodillas y en silencio. Esto me hizo pensar que cuando uno a veces tiene dudas o piensa que camina solo, ahí está Jesús y que como nosotros hay muchas, solo tenemos que ser conscientes de que Él es el camino más acertado para vivir.
David

Yo crecí con la fe en Dios, muy cerca de mí. En mi familia siempre estuvo presente y me lo inculcaron desde pequeña, pero dentro de mí sentía que aún no había experimentado una verdadera conexión personal con Él.
El trabajo y las preocupaciones de la vida diaria habían ido ocupando casi todo mi tiempo y, sin darme cuenta, Dios quedaba en un segundo plano. Sin embargo, todo cambió en el Jubileo del 2025. Durante la misa de los españoles en el Vaticano, viví algo que marcó mi vida.
Al acercarme a comulgar y ver a tantos jóvenes de mi edad unidos por la misma fe, me emocioné profundamente. Pero lo más fuerte sucedió justo después, en el momento de la oración: sentí, por primera vez, una conexión real con Dios. Era como si me escuchara, como si me comprendiera y estuviera allí, sosteniéndome. En ese instante entendí la grandeza de su amor y la importancia que debe tener en mi vida.
Me conmoví y desde aquel día algo en mí cambió. Dios ya no es solo una presencia lejana, sino alguien con quien me comunico, alguien que responde en lo profundo de mi corazón. Fue el inicio de una fe renovada y viva, una fe que me impulsa cada día a buscarlo más.
Teresa

Hace dos años, en Lisboa, el Papa Francisco nos invitó a los jóvenes que estábamos en la JMJ peregrinar a Roma este 2025 por el jubileo, jubileo de la esperanza. Y esta esperanza que no defrauda (Rom 5, 5) ha sido el regalo de Dios para los jóvenes este verano. Tuvimos la gracia de que la delegación de juventud de la diócesis de Barcelona nos invitase a peregrinar con ellos, salimos desde Barcelona poco más de 100 jóvenes de la RCCE junto con las centenas de jóvenes de las distintas parroquias y movimientos de Barcelona, viviendo un peregrinar con un par de días en Turín donde compartir con todas estas realidades, una parada en Lucca donde muchos de nuestros jóvenes pudieron venerar la tumba de Santa Elena Guerra (la “abuela” de la renovación y recientemente canonizada por el Papa Francisco) y llegamos a Roma donde pudimos vivir grandes momentos en el Youth Arise International con jóvenes carismáticos de todo el mundo, pasar la puerta Santa como pueblo, alabar y compartir en el Centro Juvenil San Lorenzo gracias a la acogida de la Comunidad Católica Shalom y unirnos a todos los peregrinos españoles en la plaza de San Pedro, un momento único de comunión.

Todo concluyó en la gran vigilia en Tor Vergata, donde hace 25 años muchos jóvenes estuvieron con San Juan Pablo II, uniéndonos a nuestro papa León XIV y a millones de jóvenes de todo el mundo en adoración a nuestro Dios.
Hemos vivido un tiempo de gracia, de esperanza, de transformación, donde hemos sido testigos de milagros en la vida de nuestros jóvenes.
José Luis Garrido, Ministerio Nacional de Jóvenes, RCCE
Mi nombre es Nazareth aunque muchos me llaman Nachi, tengo 26 años y vengo de una familia católica practicante.
A lo largo de mi vida he participado en diferentes movimientos que me han permitido formarme y compartir mi vida de fe, pero recientemente he estado sin comunidad ni acompañamiento.
El pasado mes de agosto acudí al jubileo de los jóvenes en Roma junto a la Renovación Carismática. Al principio tenia una visión un poco distorsionada de esta realidad pero acabé abriéndome a la experiencia intentando no llevar expectativas y dejarme sorprender por lo que Dios tenía pensado para mí en esta peregrinación.
Lo vivido allí me ha dejado sin palabras.
Por un lado, he podido experimentar el amor tan grande, único y personalizado que me tiene el Señor pese a estar rodeada de tantísimas personas.
Por otro, me he sentido como en casa, por la acogida tan grande que me han dado, pareciendo que me conocían de toda la vida y haciéndome sentir parte de ellos. Me siento muy agradecida por lo aprendido con los testimonios de los demás jóvenes y el cuidado y cariño que han tenido conmigo haciéndose ver instrumentos de Dios.
El jubileo en general ha sido muy enriquecedor, me ha animado a esperar con paciencia los planes que tiene preparados para mí el Señor y vivir con esperanza situaciones concretas de mi vida.
Nazareth O’neale (Jeréz de la Frontera)
Llegué al Jubileo en Roma sin grandes expectativas, aunque esta actitud resultó ser un disfraz que cubría un “no hay esperanza en mi vida”. Comencé la peregrinación con un bloqueo que me hacía vivir todo desde fuera, desde la orilla.
En la casa San Lorenzo, gracias a la oración, Dios empezó a desbloquear poco a poco ese tapón que llevaba dentro. Pero el momento clave fue la homilía del papa León en la misa de clausura. Me di cuenta de que mi esperanza estaba un poco desubicada: yo la había depositado en cosas muy concretas que deseaba con fuerza (tener un novio, la paz y la reconciliación en mi familia, etc.). Reconozco esta sed en mi corazón, pero trataba de saciarla en el lugar equivocado, poniendo mi esperanza en mis expectativas y en mis tiempos. Entendí que estaba fijando el foco en el regalo y no en quien me lo regala: Jesús mismo.
Hoy quiero transformar esa sed en ese taburete que mencionaba el papa, para asomarme al verdadero encuentro con Él, que es mi única y verdadera esperanza. A partir de ahora, lo que deseo es mantenerme unida a Él, permanecer en esta amistad tan preciosa a través de la oración, de los sacramentos y la comunidad.
Africa Dougan, Grupo Nuevo Templo (Madrid)

Que te propongan hacer una peregrinación de dos días por carretera, durmiendo donde buenamente puedas y con más cabezas que duchas, puede resultar poco apetecible. Que te propongan hacer una peregrinación de dos días por carretera, durmiendo donde buenamente puedas, con más cabezas que duchas y con la esperanza como bandera, suena mejor.
La oferta es la misma. ¿La diferencia? La esperanza. Y esa fue la diferencia para mí. Turín. Última eucaristía antes de partir a Roma. A punto de concluir la ceremonia, el obispo auxiliar que nos compañaba quiso hacer un pequeño homenaje al sacerdote que nos acogió gratis en el colegio. Cabe resaltar que éramos ochocientos jóvenes. «Somos todos hermanos en Cristo. Y esta es vuestra casa». No nos hizo falta traductor para entender aquellas palabras.
Lógicamente, nuestros aplausos empezaron a sonar, pero él se negó a aceptar cualquier agradecimiento sin antes presentar al equipo de voluntarios que le ayudó. Así que ellos se acercaron al escenario y, para sorpresa de todos, vimos que la mayoría eran niños. En ese instante, me emocioné.
Esas lágrimas salieron sin avisar, pero sí con un mensaje: «Esta es tu Iglesia». El Señor me permitió ver más allá. Pude ver el rostro de mi Iglesia, abanderada de esperanza, bondad, entrega, gratuidad… Un hogar que me espera con los brazos abiertos sin importar de dónde venga, ni cómo me presente.
A día de hoy, cuando me preguntan por el jubileo, esto sigue siendo lo primero que me viene a la mente. Y por ello glorifico a Dios.
David Peñaranda, Grupo Nueva Jerusalén (Valencia)


